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Martes, 14 de febrero de 2012   |  Número 14
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la entrevista
DIRECTOR GENERAL DE ENTERPRISING SOLUTIONS FOR HEALTH
Emilio Herrera: “El cambio hacia un modelo de coordinación sociosanitaria no es necesario, es urgente”
“La crisis no se puede afrontar sólo con elementos de recortes ni soluciones aditivas, sino invirtiendo precisamente en el cambio de modelo, es decir, sentando las bases para hacer las cosas de otra manera”

Enrique Pita. Madrid
La coordinación entre la atención sanitaria y los servicios sociales es una de las tradicionales reclamaciones del sector. Después de varios retrasos, el Ministerio de Sanidad que dirigía Leire Pajín publicó, días antes de la toma de posesión de Ana Mato como ministra, el Libro Blanco de Atención Sociosanitaria. Por su parte, la nueva ministra anunció en su primera comparecencia ante la Comisión de Sanidad y Servicios Sociales del Congreso un gran Pacto de Estado con la coordinación entre ambas atenciones como eje. Emilio Herrera, como coordinador de la redacción del documento presentado por el Ministerio de Pajín, es una voz autorizada en la materia.
 

Emilio Herrera.

¿Cuál es la situación actual de la atención sociosanitaria en España? ¿Existe en la aplicación práctica ese concepto?

En resumen y tras el estudio realizado con ocasión del Libro Blanco de Coordinación Sociosanitaria, podríamos decir que es heterogénea y parcial. Heterogénea, porque depende mucho del enfoque que se haya hecho en el territorio concreto del que estemos hablando, no siendo uniforme ni la planificación ni la aplicación práctica en todas las CCAA; y parcial, porque respecto de todos los aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de implantar un verdadero modelo o sistema de atención sociosanitaria (como por ejemplo, la normativa o las estructuras organizativas, pasando por los procesos y protocolos hasta los sistemas de información o la financiación), algunos se han desarrollado –en mayor o menor medida- y otros no. Por tanto, aunque se ha avanzado mucho en el modelo de coordinación y encontramos aplicaciones prácticas del concepto exitosas de los diferentes elementos que la conforman; hoy día es preciso un impulso decidido para que sea una auténtica realidad. Queda aún un importante camino que recorrer. El Libro Blanco es la oportunidad para comenzar ese camino de manera decidida.

Distintos agentes del sector claman por la puesta en marcha de políticas de coordinación. ¿Qué lo hace tan importante y necesario?

Hemos de ser conscientes de la realidad a la que nos enfrentamos. La población envejece y la esperanza de vida ha alcanzado cotas que eran inimaginables hace pocos años y ambos cambios, que suponen una auténtica revolución en el patrón demográfico, se van a continuar produciendo: la población va a seguir envejeciendo y cada vez vamos a vivir más años (en el año 2050 se duplicará el número de personas mayores de 65 años, llegando a ser el 30% de la población, 16 millones de personas). Con ello, y aunque el estado de salud depende de muchos factores y no necesariamente sólo del envejecimiento, han aumentado, además, las tasas de supervivencia de las personas que padecen enfermedades crónicas y situaciones de dependencia, en muchos casos con un alto detrimento de la autonomía personal y la necesidad de cuidados específicos para realizar las actividades de la vida diaria.

Un dato preocupante: en 2030 se duplicará la incidencia de enfermedades crónicas en mayores de 65 años y en diez años, en 2020, este tipo de enfermedades serán la primera causa de discapacidad en el mundo. En este sentido, la relación directa de la edad con las enfermedades crónicas y con la utilización de los servicios sanitarios está claramente establecida y ello es un problema que puede llegar a comprometer la sostenibilidad de los sistemas sanitario y social si estos no son capaces de adaptarse a estas nuevas condiciones; evolucionando y realizando los cambios estructurales necesarios a fin de poder continuar prestando con calidad los servicios para los que fueron creados.

Por tanto, las necesidades de salud y de atención social de la población han cambiado: se han incrementado en algunos casos y han surgido otras nuevas al tiempo que han aumentado las expectativas ciudadanas y ello determina la necesidad y la importancia del cambio de modelo hacia uno de coordinación social y sanitaria. Si, añadimos a ello, la coyuntura de crisis económica mundial, llegaremos a la conclusión de que, además, el cambio es urgente.

¿Cuáles son las bases sobre las que se asienta el Libro Blanco de la Coordinación Sociosanitaria?

Se trata de un documento de reflexión, de análisis y de propuestas concretas. Partiendo de un estudio previo de la situación de la coordinación social y sanitaria (en nuestro país y fuera de nuestras fronteras) se analizan los resultados obtenidos para que los responsables políticos y técnicos dispongan de elementos específicos con los que avanzar en la articulación de la coordinación socio sanitaria en sus respectivos ámbitos territoriales. Se trata de garantizar la continuidad en la asistencia y asegurar la prestación eficiente de los servicios y que éstos estén adaptados a las necesidades que presentan los pacientes crónicos y dependientes en nuestro país.

En él se recogen 63 medidas concretas para facilitar la implementación práctica del modelo además de describir aquellas experiencias de éxito que se están llevando a cabo en las distintas comunidades autónomas y que pueden ayudar a fomentar la colaboración institucional y servir como modelo para su extensión a todos los territorios y toda la población.

El objetivo del trabajo es ser un punto de encuentro para todos los agentes cuya implicación es necesaria para la puesta en marcha de un modelo de coordinación social y sanitaria en nuestro país, situando al ciudadano con problemas de salud y de tipo social en el eje del nuevo diseño.

Las bases que el modelo requiere son: innovación, liderazgo político e implicación de profesionales y pacientes, para generar una visión conjunta, una atención integral y de calidad y la consecución de un sistema eficiente y sostenible. Es preciso configurar un nuevo modelo de atención para afrontar el futuro de la salud y la salud del futuro.

Emilio Herrera Molina, en una foto de archivo.

¿Han encontrado colaboración en el sector a la hora de elaborar el documento? ¿Y por parte de las administraciones?

Nuestro equipo ha tenido la responsabilidad del desarrollo técnico del proyecto. Para ello hemos precisado de la colaboración de los agentes implicados: desde profesionales, a gestores políticos y técnicos del Estado y de todas las CCAA. Por un lado, han existido dos inconvenientes: el poco tiempo que se ha dispuesto, que ha limitado una mayor interactuación entre los agentes participantes y la cercanía de las elecciones generales que, en algún caso, supuso cierta reticencia sobre la oportunidad del documento.

Por otro lado, hay que tener en cuenta, además, que la colaboración que se pedía en los foros de debate que se han tenido requería de un extenso trabajo de recopilación de información para las CCAA, información que, en muchos casos, no se encontraba sistematizada; al tiempo que, durante la ejecución del trabajo, se produjeron cambios en algunos gobiernos como consecuencia de las elecciones autonómicas. A pesar de todo ello, la colaboración y la disposición del sector –tanto social como sanitario- y de las administraciones implicadas (tanto la estatal como las autonómicas), ha sido muy buena. No obstante, el planteamiento del Libro Blanco por parte del Ministerio es que se trataba de un documento abierto a la participación futura de manera permanente.

Varias autonomías han unido las consejerías de Sanidad y Servicios Sociales en un intento, al menos nominal, de ejercer esa coordinación. ¿Ha sido suficiente?

Antes explicaba que uno de los elementos fundamentales para la construcción del modelo de coordinación socio sanitaria lo constituye el liderazgo político. Estamos hablando de la gestión de un cambio profundo. Ningún cambio se puede acometer con ciertas garantías de éxito si no existe un liderazgo claro comprometido con éste que alinee a toda la organización en pro de la consecución del objetivo común. Desde esa perspectiva, aunar las consejerías de sanidad y servicios sociales en una sola, acredita una apuesta política decidida por la implementación de un modelo de coordinación social y sanitaria.

Pero como es obvio, y como se describe en el Libro Blanco, para la consecución del cambio de paradigma son necesarios también otros elementos tales como la financiación, los sistemas de información compartidos, la confluencia de los mapas sanitario y social, el diseño de protocolos asistenciales conjuntos, y un largo etcétera. Si la unidad de las consejerías se queda en eso y no se materializa en otras acciones necesarias para llevar el cambio, además de a la parte estratégica al día a día, con la implicación y participación de los profesionales de los dos sectores en la gestión y en el diseño de dicho cambio; no será suficiente para una verdadera adopción de un modelo de coordinación. Asimismo, se pueden producir el desarrollo de acciones concretas en el nivel más operativo y menos en el nivel estratégico, y tampoco resultar suficientes ni tener garantías de continuidad.

Para que el cambio sea suficiente y auténtico ha de producirse en tres dimensiones: la organizativa, la asistencial y la tecnológica.

Uno de los aspectos en que se insiste, tanto desde el sector sanitario como desde los servicios sociales, es la necesidad de cambiar el modelo hospitalario. ¿Hacia donde debería tender?

No se trata de cambiar sólo el modelo hospitalario sino del cambiar el modelo sanitario, y el social, en su conjunto, por un modelo de salud.

Como venimos diciendo, el sistema sanitario está preparado para atender la enfermedad aguda y no la enfermedad crónica, y ello a pesar de que las enfermedades crónicas son la primera causa de demanda asistencial en los centros sanitarios. Suponen el 80% de consultas de atención primaria y el 60% de los ingresos hospitalarios. De las primeras, un 40% las realizan las personas de edad avanzada, consumidoras de mayores cuidados continuados y más recursos sociales. El 50% de las camas de nuestra red hospitalaria están ocupadas por mayores de 65 años y el consumo farmacéutico relacionado supone casi el 50% del gasto total. Por ello se habla del necesario viraje del modelo hospitalario (habitualmente el recurso más caro) pero es importante reseñar que no sólo de éste, que es una pieza más dentro del engranaje sanitario, sino de todos los elementos que componen el sistema.

La solución del modelo hospitalario hoy día pasa por realizar esfuerzos en la tipificación y estratificación de la población a fin de que su categorización permita una adaptación a la realidad particular de los individuos. Estamos hablando de realizar un enfoque poblacional del modelo, para generar una cultura de proactividad en la atención frente a la actual cultura reactiva.

Le pongo un ejemplo. Estamos desarrollando proyectos diagnosticando los problemas de salud que tiene la población en un determinado territorio e identificando de éstos cuáles son los que generan mayor carga al sistema. Con ello, y conectando estas necesidades con la oferta sanitaria y social de la zona, se identifican claramente las áreas de ineficiencia que están generando, por ejemplo, ingresos hospitalarios que serían claramente evitables utilizando un nuevo modelo de gestión y de atención conjunta y complementaria entre el sistema social y el sistema sanitario. Por tanto, la orientación del modelo hospitalario pasa claramente por un reenfoque estratégico de su gestión dirigido y conectado con las necesidades de salud de la población que atiende.

Con una sociedad cada vez más envejecida, con una incidencia de las enfermedades crónicas en aumento y un elevado número de pacientes pluripatológicos, ¿tiene sentido una atención no coordinada entre sanidad y servicios sociales?

Si ponemos al paciente como centro y eje del sistema, no tiene ningún sentido. Las personas con diversas patologías y con cierto grado de dependencia, precisan de una atención integral y de un enfoque holístico de toda su problemática. La actual configuración de los sistemas, que los hace independientes cuando deberían ser interdependientes, somete al ciudadano a un peregrinaje no deseable por ambos para lograr cubrir sus necesidades. Ello impide la optimización de los recursos disponibles, haciendo que el sistema sanitario atienda situaciones que podrían ser atendidas por el social o a la inversa, con el consiguiente sobrecoste (duplicidades, en algún caso) en el empleo de recursos. Nos encontramos, por ejemplo, con pacientes hospitalizados que ven agudizada algunas de sus patologías cuando reciben el alta porque no disponen de familiares o cuidadores que les auxilien en sus necesidades diarias (por ejemplo, no pueden realizar la recuperación física que debieran, con lo que vuelven a ser hospitalizados) y ello ocurre porque el riesgo de hospitalización se dobla en los enfermos crónicos cuando estos carecen de una red social de apoyo. O con mayores canalizados en el ámbito social que no tienen una respuesta adecuada y personalizada a sus problemas de salud.

Si tenemos en cuenta todas las fases de la salud (prevención, atención de lo agudo, atención de lo crónico, rehabilitación, cuidados paliativos…) podemos ver que ambos sistemas tienen mucho que aportar en las diferentes fases de la atención pero que han de tener distinto peso en la atención en cada una de ellas. Por tanto, una atención descoordinada entre ambos sistemas genera áreas de ineficiencia que podrían ser sustancialmente mejoradas haciendo un enfoque integral de las necesidades del paciente sociosanitario.

El Sistema Nacional de Salud está entre los punteros a nivel mundial. ¿Ocurre lo mismo con el sistema de atención a la dependencia?

El sistema sanitario y el sistema social han nacido en momentos diferentes y han tenido distinta evolución, también diferente ritmo y velocidades en su progresión. Mientras que la Ley General de Sanidad, por ejemplo, es del año 1986 y la universalidad de su acceso y la gratuidad del mismo es un principio básico desde su orígenes, la configuración del derecho de las personas con dependencia a ser atendidas por las administraciones públicas, no se ha producido hasta el año 2006, con la promulgación de la Lapad.

Debido a ello, mientras que el Sistema Nacional de Salud es un referente a nivel internacional, el sistema social, todavía es un proyecto en construcción que, sin duda, ahora dispone de las bases adecuadas para ofrecer un resultado de alto impacto. El sistema social cuenta, en la actualidad, con una buena base procedimental y con parte de las herramientas necesarias para procurar una correcta intervención, no sanitaria, tanto en la prevención como en la atención a situaciones de dependencia; pero no ha desempeñado, históricamente, un papel protagonista en este entorno.

¿Existe algún sistema en los países de nuestro entorno que deba servir como modelo?

Existen muchas experiencias exitosas que pueden servir de referente para la construcción de nuestro sistema basándonos en la evidencia científica existente de lo que ha demostrado que sirve para mejorar la atención y, además, para optimizar la utilización de los recursos.

Los ejemplos son múltiples y diversos, como se estudian en el Libro Blanco (Canadá, Países Nórdicos, etc) y estos deben servir de base inspiradora para la configuración de nuestro modelo. Pero nuestro país debe construir el suyo propio, con sus CCAA a la cabeza, porque tiene la capacidad para hacerlo, como han demostrado los múltiples ejemplos de Buenas Prácticas que se recogen en el Libro Blanco. El modelo ha de estar adaptado a nuestra realidad, a nuestras características y a nuestras particularidades.

Sin duda estamos en un buen momento para ello. Es necesario tomar conciencia de que la salud no se puede medir en términos de gasto sino de inversión. Sólo así podremos configurar una alternativa real, eficiente y sostenible.

Respecto de esto último que comenta, ¿no es la crisis económica una barrera para construir un modelo sociosanitario?

No, muy al contrario. En este contexto se hace ineludible y urgente. La crisis no se puede afrontar sólo con elementos de recortes ni soluciones aditivas, sino invirtiendo precisamente en el cambio de modelo, es decir, sentando las bases para hacer las cosas de otra manera. La solución a la crisis pasa por el aumento del “producto sociosanitario”: productividad, innovación y bienestar.
 

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